Dar Lugar | “Si somos demasiado rápidos, la vida huye, se echa para atrás.”
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“Si somos demasiado rápidos, la vida huye, se echa para atrás.”

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09 Jun “Si somos demasiado rápidos, la vida huye, se echa para atrás.”

 

Fragmento de la entrevista a Christian Bobin realizada por Cristina Rodés y publicada en el nº 3 de nuestra revista…

-En las primeras páginas de tu libro La presencia pura comparas a un árbol que hay en el patio de la residencia con tu padre, reconociendo a ambos en lo que son naturalmente: no hay un padre enfermo, sino dos seres vivos. Vemos cómo participas de esta experiencia, cómo eres un observador que entra en una aventura poco seductora y que lo hace al desnudo, libre de prejuicios, disponible.

C. Bobin: Esta actitud no es fácil de explicar, pues no es algo que me haya exigido o que haya pensado; simplemente lo viví de este modo. Para mí fue una experiencia tan evidente que casi me sorprende que me pregunten acerca de ello. He leído, he vivido cosas, pero en el fondo sé que no tengo un conocimiento mayor que la persona que está frente a mí, sea cual sea. Así pues, cuando iba a la residencia donde se encontraban muchas personas afectadas por esta enfermedad, sabía que me podían aportar algo: tenían algo que decirme o algo que darme. Sentía esto y lo siento de cualquiera que me encuentre. La luz que hay en mí, me es dada, no viene de mí y, en general, viene en forma de rostros. Siempre he tenido una certeza que no puedo explicar: estos enfermos, contrariamente a lo que se dice, no están ausentes. Quizás son las personas menos olvidadizas, porque no olvidan la base de la vida, lo esencial. He visto a mi padre reaccionar de inmediato a cosas fuertes de orden emocional. Y, llegado el momento, no había necesidad de hablar. Sentía que a veces olvidaba mi nombre, pero eso no es grave porque sabía que, en el fondo, el vínculo que tenía con él no quedaba afectado ni deteriorado por la enfermedad. El error más grave lo escuché de alguien que iba a visitar a su madre y, a menos de un metro, le decía: “No sirve de nada que venga a verla, porque de todas formas ella no está aquí”. Sin embargo, ese “ella no está aquí” apuntaba directamente a alguien que estaba plenamente aquí. Pero es difícil explicarle a una persona lo que no quiere oír. Igual que es inútil e irrisorio dar una lección de moralidad. No es interesante la moral: cada cual tiene su momento y su camino. Pero sé que este hombre se estaba equivocando considerablemente, muy violentamente de hecho. Sé que si su madre no le respondía, siempre habría podido cogerle la mano. Y aun si este contacto lo viera como algo demasiado apagado, en el aire se habría dado ese intercambio entre ambos, ese algo que antes llamábamos alma está siempre presente, hasta el final visible y puede que más allá. Tal vez el alma es como un niño que se esconde a momentos porque tiene miedo. Y es posible que esta enfermedad sea una manera para que el alma se refugie, se esconda…

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