Dar Lugar | Algo busca refugio – editorial del nº 4
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Algo busca refugio – editorial del nº 4

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10 Dic Algo busca refugio – editorial del nº 4

Nunca sabremos qué es noticia (y mucho menos cuándo lo deja de ser, ni por qué). Hay indicativos con los que podemos esbozar una hipótesis, incluso podríamos hablar de hechos imposibles de obviar; también están los efectos virales, la competencia entre los medios y las prisas, muchas prisas tras los titulares y las anheladas exclusivas. De todo ello se nutren los medios de comunicación. ¿También Dar Lugar?

Ya en los inicios, dijimos que no queríamos buscar la exclusiva, sino ser inclusivos. Más allá del guiño léxico o de la buena intención, ¿qué significa realmente, como revista, ser inclusivos? ¿Es una revista donde “todo vale”, anulando así el criterio de quienes la editamos? Espero que no. (En toda inclusividad debe haber espacio también para el no.) Reclamar lo inclusivo es romper círculos de élite, prejuicios, inercias. Es, en su esencia, acoger. Cada página se tiñe de albergue, esto es, se empapa de experiencias diversas e intenta no encerrarlas en una etiqueta, ni siquiera en la que lleva por nombre “dar lugar”. La misma foto de portada, esa habitación vacía con su techo desconchado, acoge de algún modo -como buenamente puede- un paisaje siempre cambiante. Porque acoger no es escoger; uno se abre y algo entra. Sí: algo.

Fijémonos que muchas veces nos liamos con los nombres para desnombrar aquello que aparentemente nombramos: “inmigrantes”; “refugiados”; “sin papeles”; “ilegales/irregulares”… Algo innombrable aparece cuando nos esforzamos tanto por encontrar la etiqueta. Por ello “algo” -ese algo que nos une, indecible incluso, pero sobre todo indescriptible- permanece imperturbable ante tanta avalancha de palabras-titular. Algo avanza, algo se detiene, algo respira… Nunca leeremos nada igual en la prensa, ni lo anunciarán en el telediario. Porque lo indefinido da miedo, y porque necesitamos dominar ese algo con palabras injustas que creemos justas: a una persona la llamaremos “irregular” o “ilegal” y nos quedaremos tan anchos.

No. Nuestra inclusividad acoge algos y no enjuiciadas etiquetas, por ello es poco probable que en Dar Lugar nos expresemos con este tipo de palabras-trampa. Porque no son habitables, es decir, porque no hospedan vida. Si algo compartimos es justamente este algo. Todo intento de mancillar el algo se construye a base de barreras, y el lenguaje la primera de ellas.

Ingredientes para este número

Este número, el cuarto, ha conocido altibajos personales y sociales, cercanos y lejanos. Y ha salido así… Poco a poco vemos como todos los contenidos van presentándose por sí mismos a los demás en este albergue darlugareño presidido por una habitación solitaria que engulle paisajes. Algunos los hemos convocado, otros se han presentado de improviso. Nos hemos preguntado qué es verdaderamente necesario y hemos conocido vidas marcadas por la marcha forzada de la ciudad que amaban. Hemos visto cómo esta frustración puede transmutarse en creatividad, desde la fotografía, la literatura, la arquitectura y el cine. Aterrizamos en pleno continente de paz para preguntarnos realmente qué es la paz y como las pequeñas acciones pueden contribuir a ella. Nos adentramos en la infancia de una manera sutil, poco frecuente y -una vez más- sin alardear de etiquetas y diferencias, también en lo espiritual. Las libros nos recuerdan también el albergue dentro del albergue dentro del albergue, como las muñecas rusas, y por ello proponemos algunas lecturas para seguir deambulando, rodeados, acogidos y acogedores, mientras unos animales muy ilustrados nos llevan a imaginar otras relaciones. Y, como no, la música pone a bailar todos estos huéspedes, sin saber ya quién acoge a quién.

Continuamos, agradecidos, atentos.

Dídac P. Lagarriga

(*Sumario y contenidos de este nº 4 en http://darlugar.com/numero-4/)